Publicado en Página 12 el 5 de agosto de 1988.
Una clave para la producción en psicoanálisis reside en la singularidad. Sólo en, desde, y sobre ese registro, sus intervenciones logran eficacia en lo que es su fin, el trabajo con el Inconsciente. No confundir esto con individualismo. Al contrario, Freud, y otros, por ejemplo Winnicott y fundamentalmente Lacan, elucidaron cómo la singularidad en la producción del Inconsciente sólo se realiza en la relación al Otro. Por eso mismo, de cómo se estructure dicha relación dependerá que se forjen o no condiciones de posibilidad para que el sujeto del Inconsciente disponga de alguna franja de libertad. Freud describió cómo el modo en que la estructuran ejércitos e iglesias aplasta por el efecto de identificación la singularidad de sus sujetos. Ello ocurre porque sus masas son sugestionadas (hipnotizadas), al suponerle al líder amado el saber sobre “todo” lo que las hace pertenecer a esas organizaciones. Este fenómeno acarrea dificultades en el desarrollo de los movimientos populares (sociales o políticos). En el psicoanalítico resulta contrario a su ética, que propone enfrentar al sujeto con lo real, al despejar en su hablar, deseos, lugares de goce y vías de sublimación. Estructurar la relación al Otro según lo antedicho, y peor aún, al modo de las multinacionales con “yuppies” fuertes a su frente, genera una dificultad para trabajar con el inconsciente.
Se ha realizado el V Encuentro del Campo Freudiano. La revista que dirijo había pedido acreditación para un cronista y un reportero gráfico, no recibió respuesta. En cambio, sí nos llegaron informaciones de alguien que, por haber tenido acceso a ellas, seguramente se mueve en los altos niveles de organización y que, primer síntoma, las envía desde el anonimato. ¿Qué dice de la situación de ese integrante y de esa organización, que él haga conocer lo que en ella ocurre sin dar su nombre?
La información ha sido ratificada en una carta recibida con posterioridad a la publicación de aquélla y esta vez firmada por uno de los líderes del Campo.
Los elementos informativos fundamentales son: a diferencia de cualquier organización democrática las autoridades de la Fondation du Champ Freudien no son elegidas de abajo hacia arriba sino a la inversa según la lógica de las multinacionales, las cuestiones claves para la realización de los encuentros (designación de relatos oficiales, extensión de los mismos, atribución de importancia a los grupos adherentes, política editorial, etc.) son resortes que se reserva Miller; en esa misma línea empuja a los grupos a una política de concentración en la que perderían su singularidad. Y por si todo esto fuera poco, les plantea que dichas proposiciones no aparezcan como elaboradas en París sino que sean presentadas por la comisión argentina.
Cae de su peso que este tipo de organización obstaculiza a la creatividad y productividad en psicoanálisis, ya que sustituye las singularidades de los deseos por el control minucioso del yuppie máximo.
Pero queda algo más. No se puede acusar a Miller de formar una nueva Internacional del psicoanálisis. Nada más alejado de sus intenciones. Lo vine sugiriendo antes, a tono con la “posmodernidad” aspira conformar una multinacional. Una sola muestra puede bastar. Se proponía mil concurrentes al encuentro a un promedio de U$A 120 cada inscripción = U$A 120.000 total. El San Martín le costó menos de 2.000, la prepublicación 5.000 a lo sumo, calculando exageradamente, 23.000 para gastos varios, la Multinacional del Campo embolsó U$A 90.000, de ganancia neta, sin contar beneficios editoriales y lo que se llevaron los “managenemt” en concepto de changuitas (sesiones, supervisiones, seminarios, etc.). No es mala ganancia para una semana de trabajo en un empobrecido país del Tercer Mundo.
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