25/VIII/1985
A los integrantes de la
Comisión Directiva de la
Escuela Freudiana de
Buenos Aires y por vuestro
intermedio al conjunto de miembros
y adherentes.
Este encabezamiento no es formal, por él pido que esta carta se publique en el Correo de la Escuela[1]. La carta tampoco lo es, pretende producir efecto en mí, y en la Escuela.
Las razones
En la Asamblea del 3 de agosto, apoyé el acta propuesta por Isidoro y propuse que se llame acta de refundación, sosteniendo que mínimamente nos representaba a quienes quedábamos y no nos contradecía, máximamente.
El párrafo donde aparece lo que no me representa, articulado con lo que representa un anhelo también mío es el siguiente: “Los miembros de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, reafirmamos nuestra dis-posición a desplegar nuestro único pacto: con el psicoanálisis, en el surco tajante de la verdad abierto por Freud y extendido por Lacan”. No me siento representado, cuando un guión separa disposición en dis y posición. En el código castellano, que yo sepa, hacer ese juego no está contemplado. Cuando lo hacemos incurrimos en galicismo. No es algo que considere malo, considero una estupidez de quienes en la Argentina, “crisol de razas”, como gusta en decirse, se escandalizan por la inyección en nuestra lengua de significantes o modismos provenientes del crisol. Pero como psicoanalista no dejo de saber que el significante significa al significable. Dis, separada por el guión de posición, subraya su carácter de preposición, de la que el diccionario dice: “preposición inseparable que indica negación, contrariedad, separación, como en: disgustar, disfavor”. O sea que, separada por el guión, que tal vez la articula, dis: niega, separa, contraría, la “posición a desplegar nuestro único pacto: …”.El diccionario francés español dice aproximadamente lo mismo de la función “dis”. O sea que, como galicismo, juega la misma función.
Se podrá decir entonces –bueno, es sólo producto de la identificación imaginaria al estilo de Lacan, padre ideal, y sus guiones separando palabras-, es más, hemos escuchado más de una vez, en boca de Isidoro, que para aprehender a Lacan, hay que alienarse en sus significantes. La tragedia reside en que, la identificación imaginaria, impide encontrarse con la vacilación en la articulación significante que viene del Otro, y condena al sujeto a no poder salir, en su función de jefe de escuela de un sentido que lo aplasta. Claro que ello, genera ambivalencia y en el mismo momento en que se quiere subrayar la posición de mantenerse fiel al surco extendido por Lacan, se la niega.
Si en mi carta de renuncia, parto de acá, es porque: 1) sostengo el resto del acta (es lo que mínimamente me representa), 2) es en la ambivalencia de la mayoría de la escuela, en lo que observo un accionar que no se resuelve por organigramas, que por el contrario, lo único que hacen, es intentar una ortopedia para la anarquía agónica.
Frente a la evidente crisis que la escuela atraviesa, se han intentado tres tipos de operaciones y elucidado una, que considero la fundamental.
Una, ha sido decir que lo que pasa es porque se ha puesto en marcha la propuesta lacaniana de cárteles y pase. Últimamente se agregó: psicoanálisis en extensión.
Sobre la cuestión del pase se ha dado a entender que habría tenido que ver con las nominaciones políticas hechas por Masotta. Se me ocurre que cuando menos, es causa insuficiente. Sobre el resto no hay pregunta, por el por qué. Por lo tanto, las diferentes propuestas hechas con amplio despliegue doctrinario, no intentan una interpretación. Sin interpretación no hay relanzamiento del discurso.
Una segunda la plantea Benjamín en su memoria. Como toda memoria está marcada por el deseo. Dice: 1) Que el primer período de la Comisión Directiva que él presidió se tuvo que debatir contra los obstáculos que los otros le ponían. Habría que recordar dos cosas. Una, que por la estructura de la elección que produjo esa C.D., los otros eran independientes, ya que al rechazar al grupo de Cosentino integrarla, y no seguir ellos la orientación de Domb, quedaban en posición independiente.
Otra, que fue uno de los períodos más productivos de la escuela de enseñanza, sección clínica y reflexión de grupos de trabajo. Además del laborioso trabajo de tesorería y de los infructuosos esfuerzos de publicaciones. Claro que, con sentidos, que no le gustaban a la presidencia, pero que por alguna razón no lograba poner en cuestión en quienes los sostenían.
2) En segundo lugar , dijo que la escuela andaba mal porque de antigua había un grupo que la saboteaba, en obvia alusión al que formaban Aramburu, Cosentino, Ariel y Kahanoff. Si la inhibición se articula en lo imaginario, este es un caso de inhibición del pensamiento. Sólo así se puede entender semejante conclusión. Sería como si del otro lado, hubieran dicho que la escuela se escindió por la ineptitud del presidente.
Fui pensando la crisis de la escuela desde un trabajo que publiqué en “Cuestiones de Escuela” en 1983, con el título “Un viernes 13”. En realidad desde antes, ya que ahora recuerdo que entré a la escuela presentando un trabajo en las jornadas sobre “La Ética y el acto psicoanalítico”, al que llamé: “En el psicoanálisis, ¿ética o etiqueta?”, en el que señalaba el efecto empobrecedor, que en las instituciones psicoanalíticas producen las capturas especulares. No volveré en esta carta, a las diversas cuestiones planteadas en estos trabajos, que culminé en el presente en las últimas jornadas con el título: “¿Los buenos y los malos o la herencia de Lacan?”, y en el que llevé al interrogante de hasta qué punto la crisis no tenía que ver con la herencia de los pecados de Lacan, un padre demasiado ideal.
[…]
Mi planteo era y es muy sencillo. No es secreto para nadie, excepto según indicó, para Benjamín Domb, que hay una distancia apreciable en el punto en que se halla en su movimiento en relación a la formación psicoanalítica Isidoro Vegh, del resto de la escuela; en sus diferentes gradaciones. Ello suscita la transferencia de la mayoría, que lo identifica con el sujeto supuesto saber. Movimiento que no es sin ambivalencia.
Por lo tanto planteé: hay que hacer de esa verdad de la escuela (aunque sea a medias), acto. Para que eso fuera así planteé que en las próximas elecciones había que elegir una C.D. presidida por quienes verdaderamente suscita las transferencias mayoritarias, en compañía de colegas de fuerte formación y presencia, capaces de ponerlo en cuestión cada vez que hiciera falta. Mi propuesta podía escribirse así:
c.d. (P) ≈ S (A)[2]
Lejos de eso, se optó por, después de una discusión con tufillo estudiantil, reproducir la experiencia anterior, elegir una C.D., que con alguna excepción, no suscita verdaderamente las transferencias de la mayoría de la escuela. Otra vez, el verdadero poder jugará detrás del trono. Como se reveló en oportunidad del intento abortado de “congreso latinoamericano…”, otra vez los sectores más representativos habrán quedado afuera. Podemos escribir esta opción así:
s(A) ≈ C.D. (IV) s(A) ≈ c.d. (IV).[3]
La mayoría insiste en gozar del síntoma.
Que esto no es sin consecuencias, lo demostró en acto el 3 de agosto, que la declaración aprobada fuera por unanimidad, la propuesta por Isidoro, para inmediatamente, la mayoría, oponerse a que se llame Acta de Refundación, aunque después la secretaria administrativa hablando la verdad desde su ingenuidad convoque a los retrasados, “a firmar el acta de fundación”. Ni qué decir la farragosa discusión, donde al proponer llamar a las comisiones colaboradoras de C.D., cárteles, borran de un plumazo la doctrina lacaniana sobre los mismos para finalmente después de manejos “non sanctos” de la votación, llegar a la conciliación obsesiva, “comisiones caracterizables.
Considero que esta situación, en estos términos, no tiene arreglo, y es el preludio de una anárquica agonía. Las agonías no me gustan, y por lo tanto cuando puedo decidir, no las acompaño. Es este caso.
No obstante aclaro, que respeto y tomo en cuenta, la producción de muchos miembros de la Escuela. Por eso hasta ahora me quedé en ella como miembro, calidad a la que renuncio a la vez que explicito mi demanda de seguir formando parte de la mista de adherentes.
[…]
A pesar de todo, amistosamente,
Sergio Aldo Rodríguez
[1] Este pedido no fue concedido.
[2] Se lee: Comisión Directiva significante (de la falta en Isidoro Vegh) congruente con significante (de la falta en el Otro)
[3] Significado del (Otro) congruente con Comisión Directiva significado de (Isidoro Vegh)
Capítulo IV.5:FRAGMENTOS DE MI RENUNCIA A LA ESCUELA FREUDIANA
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