Trabajo leído en el segundo Congreso de la Fundación
Europea de psicoanálisis, realizado en Madrid
los días 21, 22, 23 de Octubre de 1994
Según algunos investigadores últimamente en Buenos Aires, se ha reducido un 50% la clientela de los consultorios psicoanalíticos. No puedo dar fe de este dato, aunque sí decir que es muy probable. Como ocurre siempre, el hilo se corta por lo más delgado, lo que hace que no en todos los consultorios los clientes se hayan esfumado en igual proporción. Me propongo analizar las razones de la despoblación (dejando de lado las socioeconómicas) y plantearé la que considero posición correcta para contrarrestar el fenómeno.
Comenzaré diciendo que el enunciado con que enuncio –clientes, clientela-, a la mayoría de los psicoanalistas les resulta antipático. Preferirían decir pacientes o, en el mejor de los casos analizantes. Si se les pregunta por qué, responderán que porque es un término comercial, típico de la ideología mercantilista norteamericana. Con lo cual nos están diciendo, que hay cierto pudor en manifestar públicamente que nos gusta que nos paguen por nuestro trabajo. Seguramente nos hace falta recordar la observación freudiana sobre la duplicidad, la mojigatería y la hipocresía con que el hombre de cultura trata los asuntos de dinero. Sabemos que este rasgo es un efecto de la relación entre lo real pulsional y lo imaginario que lo reprime desde la constitución del yo. Creo que en nuestro país y seguramente en muchos otros, se agregan los efectos explícitos o implícitos de la ideología evangélica, en versión católica o marxista . El diccionario da la siguiente definición de cliente: persona que está bajo la protección o tutela de otra. Respecto de una persona que ejerce una profesión, la que utiliza sus servicios. Respecto de un comerciante, el que compra su establecimiento. ¿Acaso, quienes se inhiben de usar el significante clientes, suponen que no prestamos un servicio, que quienes acuden a nosotros no vienen a comprarnos algo? Independientemente de lo que supongan, es claro que el mensaje que transmiten es ese, y como bien sabemos “el emisor recibe del receptor su propio mensaje invertido” .
Entendiendo mal la posición del psicoanalista de no responder a la demanda, se privan de construir el semblant necesario para aparecer como causa de deseo para el consultante.
Se ha interpretado la advertencia de Freud contra el “furor curandis” o la de Lacan contra las psicoterapias, como que a los psicoanalistas no debe interesarnos la cura de los pacientes. No advierten que inhibe la escucha y la lectura y en consecuencia obstaculiza el acto analítico, y el otro, al límite le pone a la potencialidad del psicoanálisis, capaz de llevar al sujeto a dominios de sus condiciones de posibilidad vedados por la neurosis. Por lo tanto es lógico que a sus pacientes los llamen pacientes, pues es mucha la paciencia que tienen que tener para aguantarlos como analistas. Sabemos, que en lo que dice el que dice, algo de su verdad dice. Los que se congelan en utilizar solamente el término analizantes, sostienen la verdad sobre el camino que los sujetos en el análisis siguen para acceder a su cura, pero parecen sentir vergüenza de que el cliente lo recorre atraído por las vivencias de aumento de su capacidad de amar, gozar y trabajar (agrego, en lo que ama, como diría un cantautor de mi terruño Facundo Cabral) . Estas cuestiones, como es lógico, no quedan meramente n el plano de las enunciaciones, sino que condicionan la práctica de los sujetos a ellas, llevándolos incluso a hechos graves, como impotentizarse ante el suicidio de pacientes, en nombre de “acompañarlos hasta el final en el sostenimiento de su deseo”(sic). Posicionados así, confunden deseo con goce. Realización de deseo con satisfacción pulsional absoluta (o sea con la cara instinto de muerte de la pulsión). Pasaje al acto, salto a lo real por fuera del fantasma, con deseo soportado en un fantasma. Por si algo faltaba para expulsar posibles clientes, algunos transformaron al tiempo dependiente de la lógica del Inconsciente según lo formalizado por Lacan, y al acto de escansión determinado por la función de la prisa, con usar la prisa para la lógica capitalista de optimización de sus bene-ficios, ritualizando la brevedad en las sesiones. Tal vez no esté demás decir, que por vía de la identificación al boss, este semblante soberbio, vacuo y expulsivo predomina en los tributarios de la nueva S.A.M.C.D.A. (Sociedad de Ayuda Milleriana Contra el Discurso Analítico).
No les va mejor a nuestros colegas kleinianos con su obsesión (bastante alicaída, crisis económico-social mediante) por las cuatro sesiones semanales, por “interpretar” la resistencia, la transferencia en el “aquí, ahora, conmigo”, la depresión del fin de semana y de las vacaciones, por interpretar a los prepsicóticos sin cuidarse del “circuito de agresividad erotizada entre el yo y el objeto y entre el yo y el ideal”.
Los de lo Ego psychology, con el argumento de “incorporar diversas técnicas” se han pasado con armas y bagajes a diferentes formas de “psicoterapias alternativas”, culminando de manera lógica y más o menos perceptible, el alejamiento del psicoanálisis iniciado por sus primeros mentores.
Primera conclusión. Por razones diferentes y de maneras diversas, se emiten desde el psicoanálisis mensajes que presentan a su práctica como que desde el punto de vista terapéutico no es responsable, no asegura un mínimo de eficacia y que para apreciar sus resultados habría que esperar a los finales de un largo trabajo de no menos de 10 años. La vuelta del mensaje (despoblación de consultorios) indica que, además de no transmitir las capacidades de su buena práctica, no parece ser el “semblant” más atrayente que el psicoanálisis pueda ofertar.
A lo que colabora una época en que triunfa la ideología neoconservadora con sus ideales de exacerbación de la plusvalía, que miden el éxito según los parámetros del eficientismo –mayor cantidad y calidad de producto, en menor tiempo de trabajo.-
Por otro lado, nuestra praxis no aparece más como la única que se ofrece por fuera de una psiquiatría deficiente, fallidamente jugada a abortar los síntomas a través de los neurolépticos. En ese espacio se despliegan también, las terapias sistémicas, las gestálticas, las de autoayuda, la neurolingüística y un impresionante abanico de diferentes prácticas basadas en creencias importadas de oriente. Todas ofrecen resultados concretos y en poco tiempo. En lo fundamental todas fracasan recurrentemente, lo cual no es medido, pues al basarse en el tiempo limitado y breve, no generan condiciones para que el fracasado vuelva y el practicante tome nota. En las “mágicas”, se hace de los tratados abonados de por vida o hasta que se aburran. Obviamente, tampoco se interesan por hacer estadísticas. Como ya advertía Freud de la hipnosis (vuelta a aparecer como ilusión a través de Milton Erickson), caída la transferencia, recuperan su lugar los síntomas que habían retrocedido o sustitutos metonímicos y sus gozantes salen disparados a la búsqueda de una nueva ilusión.
En mi opinión, ante esta realidad poblada de “alternativas”, los psicoanalistas debemos utilizar las herramientas de nuestro método para situar causas y razones de esta avalancha y criticarla, en el doble sentido de denunciar lo fraudulento y de encontrar los núcleos de verdad que a algunas de esas prácticas les facilitan vigencia, para poder posicionar al psicoanálisis de un modo operativo que le permita recuperar iniciativa y trascendencia.
Obtenemos una pista interesante, si conjeturamos sobre el hecho de que dichas terapias rechazan por igual a la medicina occidental en su forma actual y al psicoanálisis, prácticas ambas que sólo fueron posibles a partir del nacimiento de las ciencias. Es más, de diferentes maneras, a través de nociones como “ondas positivas y negativas”, karma, destinos ordenados por combinaciones astrales, o por cualquier Otra exterioridad, se presentan proponiendo tesis alternativas para la comprensión de los fenómenos humanos que remiten a algo exterior al ser, a alguna forma de Otro. Pero no incognoscible, y según algunas, no mágico. Utilizan para ello degradándolas, viejas y complejas concepciones importadas de Culturas orientales milenarias. Ellas, de la misma manera que la Biblia son el precipitado representacional de miles de años de seres hablando, procurando responderse los enigmas que lo real les plantea. No pueden no tener en su tejido significantes enormes tramas de verdad, pero a la vez que no son la verdad misma, los “alternativos” extraen de él alimentos de sentido con lo que degradan su potencialidad significante. Ahora, si así son las cosas ¿por qué se expanden de la manera en que lo hacen? La modernidad trajo a masas considerables grandes ilusiones sobre un porvenir que se vería beneficiado por el auge científico tecnológico que ya se preveía, no obstante lo cual, los más miserables dinerario y/o culturalmente siguieron esperando el “maná” de las variantes supersticiosas, esotéricas o religiosas propiamente dichas. No ocurrió así con las capas medias “cultas”, buena parte de las cuales cifraron sus esperanzas en la ciencia, el desarrollo técnico, el marxismo y el psicoanálisis. Hoy, es entre esas capas que ganan espacio las nuevas/viejas alternativas dibujando fantasías, que tomando el lugar vacío dejado por la caída de “los grandes relatos de la modernidad” soportan nuevamente ilusiones y esperanzas. La ciencia y la técnica resolvieron “mil problemas”, generando en su “hábitat” capitalista, mil más graves. Si en el 2010 se calcula que van a haber 7.000 millones de habitantes para los que se habrá prolongado la expectativa de vida a 150 años y ya están entrando en funcionamiento máquinas que sustituyen la mano de obra de cien obreros industriales, ¿qué se va a hacer con el sobrante humano? Estos dejaron de ser problemas sobre los que hipotetizaban solamente los teóricos de la “Tercera Ola”, son ya problemas prácticos. En mi país los principales malestares que ensombrecen a los adolescentes y sus padres tienen relación con la incertidumbre sobre el futuro laboral que les espera en la juventud cercana y en la no tan lejana adultez y con el ominoso planear sobre ellos de las drogadicciones. El desempleo, no forma ya, en el coyuntural “ejército de reserva”, sino que formatea desde la estructura al “nuevo orden”. A la vez los ocupados son presa de la “enfermedad de la prisa”, del atrapamiento televisivo, de que el cuerpo está cada vez más al servicio del goce del Otro y cada vez menor es el lugar de goces decididos por el propio sujeto. Se acentúa el retraimiento al entorno de la vivienda, a la vez que en forma paradojal a un modo de existir escaso de relaciones familiares y amistosas.
En ese contexto, los pastores electrónicos ofrecen alegres, musicales e ilusionadas organizaciones artificiales de masa, que velan al sentimiento de soledad y a la incertidumbre sobre el futuro. Diversas técnicas corporales y de control mental procuran, a quienes las usufructúan, tregua en la tensión y el stress, islotes de relajación. Esoterismos varios, forjan la ilusión de saber sobre lo que se avecina y como plus, la creencia de que se podrá influir sobre ello. Responden así al hecho de que a mayor producción simbólica, mayor vuelta de real sobre esos pobres descendientes que somos, de aquellos fracasados constructores de la Torre de Babel. Las condiciones de transferencia son generadas a través de relatos publicitarios sobre curas milagrosas , siendo los más efectivos los que utilizan el testimonio personal del administrador, o mejor aún, de terceros.
Todo esto ocurre en el momento en que puede tomar cuerpo en el movimiento psicoanalítico el legado de Lacan. Legado que -al formalizar los giros del ser parlante en los discursos que le dan vida, articulándolos a los tres registros en que se trenza- forja las herramientas necesarias para encarar mucho más eficazmente tanto el psicoanálisis en intensión como en extensión. Esta disparidad entre las condiciones generadas por el despliegue de la teoría y su vigencia real, nos alerta sobre que el punto de inconsistencia de la lógica con que se lleva adelante su puesta en práctica, se encuentra en el pase entre teoría y práctica. Saber hacer con dichas herramientas exige habilidad de artesano, habilidad que se adquiere por la trans-misión en la experiencia y no sólo ni principalmente, por la lectura de escritos y seminarios. Opino que fue esa la razón por la que en la Tercera de Roma Lacan les dijo a sus seguidores “Soy un payaso, aprendan de mí pero no me imiten” Justamente él, cazador intransigente de la carencia es ser afirma -soy-, pero ¿qué? -un payaso- la apariencia más evidente que se pueda evidenciar de: vaya a saber qué hay ahí?! Entre lo imaginario del aspecto, lo simbólico de sus ficciones y engaños y lo real de ser objeto atrapado en lo excéntrico del sujeto. La formalización lacaniana nos permite sostener para “el circo de la vida”, la función del analista como el payaso de la función.
Desde lo dicho considero que para la sociedad actual, algunos rasgos del “semblant” más causante de demanda de psicoanálisis deben pasar por acentuar en el mensaje, las características de responsabilidad y eficacia que distinguen al buen psicoanálisis, lo que exige generar condiciones para que así sea (autorización, validación de formación, pase) No restringir nuestra práctica al psicoanálisis en extensión. Terreno en el que es importante buscar formas que faciliten divulgar nuestra praxis a través de los medios masivos de comunicación, haciendo uso de un lenguaje riguroso y sencillo que atraviese al yo para apelar al sujeto, acosando al goce sintomático y causando al deseo. Es hora de salir de abadías y capillas, para lidiar con los ruidos y el “smog” de nuestras ciudades del tercer milenio, si deseamos un psicoanálisis operativo y trascendente.
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