por Sergio Rodríguez

Capítulo VI: SITUACIÓN DEL PSICOANÁLISIS EN LA ARGENTINA 1993

30- IX- 93

Describiré lo más llamativo del fenómeno, para analizarlo.

Lo que salta a la vista es la dispersión institucional

Para analizarla no debemos apartarnos del hecho de que somos hijos del discurso. Leyéndote en el discurso en el que dices, te diré qué verdad lo sostiene, cual es su producto y en qué lugar quedaste situado.

Gráfico 1: Pàgina 157

Al ser paridos los seres parlantes por el lenguaje en sus articulaciones Real- Simbólico- Imaginaria, su devenir ético sólo puede ser leído retroactivamente, y sus fines serán efectos de los medios (significantes) que los implementen.

Si hay dispersión en porque hay diferencias

1) Podemos distinguir un tipo de instituciones que con variantes, de un modo u otro “dan” enseñanza, supervisiones y un “cierto” imaginario de que quienes las integran son psicoanalistas.
1.1)Hospitalarias, incluyendo obras sociales. Facilitan cierta práctica, a veces el estudio y la obtención de pacientes. En lo que hace a su dirección, están orientadas no por la ética del psicoanálisis sino por la moral del poder que, como lo aclarara Lacan en el seminario de “La Ética”, consiste: “En cuanto a los deseos, pueden ustedes esperar sentados” y mientras, (agrego yo) satisfacerse con los goces de la política o los chismes de Servicio. Dificultad a la que se agrega para la práctica del psicoanálisis la supuesta “gratuidad” de las prestaciones.
1.2)Bolsas de trabajo semblanteadas de maneras diversas. Palian la falta de trabajo. Pero sobre ciertas bases que condicionan la labor que se realiza. Por ejemplo: ofrecimiento de atención gratuita y/o a honorarios reducidos con lo que fijan un límite al acto del que, aunque fuera sólo hecho deviene terapeuta limitado para intervenir en uno de los nudos en que más frecuentemente se hacen presentes las vicisitudes de la sexualidad y del nombre-del-padre-las cuestiones de dinero-. La gratuidad instila la creencia (imaginaria por ende) de que se puede circular por fuera del intercambio, del discurso que hace lazo social y al que se opone el efecto de grupo, de masa. Desde antiguo, beneficencia es un “semblant” de amo para mantener su posición objetal masoquística a quienes expulsados de la dignidad significante por los avatares sociales, quedan reducidos a escoria. Una variante de peso (aunque con matices) la protagonizan las asociaciones profesionales y los colegios de psicólogos. Como sus nombres lo indican, están causados por una ética gremial, de relación corporativa, lo que condiciona inconvenientemente a la del psicoanálisis cuando se intenta desplegarlo en ellas.
1.3) Fundaciones. Se ordenan veladamente alrededor de la pretensión de congelar a alguien o a algunos, en el lugar amo. Son uno de los formatos que toma el discurso universitario y muchas veces emanaciones de la institución en que más habitualmente se encarna. Una variante son las que (excluyendo toda gratuidad) no se disfrazan de Fundaciones y se presentan abiertamente como empresas, a veces familia-patronales y otras, unipatronales. En ambas formaciones, la resistencia al psicoanálisis se encarna en los vaivenes de los deseos del amo y de las correlativas identificaciones/masa.
1.4) Actividades de “extensión” de: pre-pagos, clínicas y hospitales de día privados, y/o consultorios asociados. Su fin es procurar afluencia de clientes. Ordenados por la ética empresarial, no lo están por la del psicoanálisis.

Estas modalidades de agrupamiento, fuertes factores de condicionamiento sobre el movimiento psicoanalítico, son transitadas por aspirantes a practicar el psicoanálisis, a causa de la crisis económico social y su repercusión en la degradación del nivel económico de las capas medias. Aquella, aumenta la dificultad para que éstas, accedan a la consulta privada. Responder al “apremio de la vida”, a lo real de la economía social de mercado, se torna progresivamente difícil para las mayorías. El (en términos relativos) menor número de consultas, es potenciado como dificultad, por la multiplicación de matrículas profesionales.
Paralelamente asistimos a la consolidación de un imaginario cultural/social, centrado en situar fálicamente a la tasa de mayor ganancia, tornándola como excluyente patrón del éxito (blasón máximo en la economía social de mercado). Como consecuencia, al ahorro de tiempo en la producción y a lo descartable, como lo consistente a la lógica de este modelo. Para él, el psicoanálisis resulta inconsistente y antieconómico ya que “sólo” interesa a la eficacia del sujeto, mientras el imaginario triunfante lo que persigue es el máximo rendimiento en plus de goce, del saber del (O) otro gozante. La creatividad sólo interesa en función de la producción-plusvalía y por lo tanto en alienación al deseo del amo

Gráfico 2: Pàgina 161


En las instituciones psicoanalítico- empresariales no se tiende a producir más que analomercancías
El surgimiento y desarrollo de modalidades empresariales para la supuesta enseñanza y transmisión del psicoanálisis responde entonces, no sólo a la crisis, sino también a la antedicha hegemonía cultural.
Desenvolverse como psicoanalista independientemente (incluidos los que sólo sostienen grupos de estudio o edición de revistas), o participando solamente de instituciones del tipo antes descrito, excluye de la práctica y la transmisión, al encuentro con lo real del lazo social entre analistas y la búsqueda por tratar sus dilemas según la ética del psicoanálisis. Se descartan así, los efectos que esa búsqueda produce en la formación y producción de sus protagonistas.
En menor medida, pero también tiene su responsabilidad en la disminución de consultas a los psicoanalistas, el ataque llevado adelante sostenidamente por la parte dogmática de la izquierda y las repeticiones doctrinarias, vacías, de algunas variantes “lacaneadoras”


2)Situación en las instituciones psicoanalíticas
Su dispersión, mérito en buena medida de enseñanzas y actos de Lacan, responde a la ética de nuestra praxis centrada en actuar en conformidad con el propio deseo. El formato de las reuniones Lacanoamericanas configura un buen dispositivo para que la dispersión no degenere en segregación obstaculizante a la circulación informativa sobre la producción. En este sentido no planteo hacer de la dispersión, que a veces responde solamente a apuestas de puro narcisismo, un ideal, sino a despejarla del lugar habitualmente negativo en que se suele colocarla.

2.1) En el campo lacaniano, supuestamente nadie duda sobre la imprescindibilidad del didáctico, o en términos de Lacan, del psicoanálisis puro, para que se produzca un analista. Sin embargo sabemos que Miller, cabeza de una Fundación internacional y de las escuelas que de ella dependen, es escaso en ese terreno, lo que concita la identificación imaginaria de algunos de sus principales lugartenientes, por lo menos en la Argentina. Los efectos no dejan de notarse. Por ejemplo, en la pasión por agrupar masas y ordenar a través del centralismo burocrático (tan inhibidor del deseo) a los tributarios de la Fundación del campo Freudiano y sus diversas excrecencias.
La crítica de Lacan a la IPAcersión del didáctico resultó irrevatible. Sin rebatirla, APA y APDEBA mantienen la modalidad académica y de “brevet aeronáutico” para formar y promover a sus candidatos.

2.2) Del lado de los concurrentes (entre los que me cuento) a las reuniones lacanoamericanas, las cosas no andan mucho mejor. Se mantienen las dificultades en lo que hace al análisis de los analistas. Lo que parecería indicar que ahí nos topamos con lo más real de nuestra práctica, donde no cesan de repetirse las dificultades. Se habla poco del tema y lo experimentado no ha dado resultados incontrovertibles.
Haber interpretado la afirmación de Lacan “En primer lugar: el psicoanalista no se autoriza más que de sí mismo” , como en el extremo de Masotta “que un psicoanalista se debe a sí mismo” , le ha hecho creer a muchos que el autorizarse no se trata más que de una decisión yoica.
Un psicoanalista se autoriza, no meramente cuando se decide a repartir su tarjeta, sino cuando se siente conforme con cómo está trabajando (lo que no excluye la crítica), y no se autoriza cuando se siente molesto, cuando se siente descreyendo de la eficacia del psicoanálisis, cuando siente que “está echando a los pacientes”. Esos sentimientos son efecto de que el practicante en cuestión no está tomando en la dimensión necesaria por el deseo del analista, lo que facilita que quede a merced de su “contratransferencia”. El problema hasta ahí, queda planteado del lado del supuesto analista.
La “Proposición del 67” versa sobre la responsabilidad ética de los psicoanalistas como movimiento.
Ahí nos topamos con un primer problema. Si conocer al Otro está vedado por la estructura. ¿Puede alguna instancia dar “garantías de formación suficiente”? Creo que no. Y menos de parte de instancias sometidas para su conformación a los balanceos pasionales de la política y las transferencias. Algo de esto intentó prevenir Lacan cuando propuso distinguir grados de jerarquías. Pero, es imprescindible alguna forma de suposición de condiciones en un sujeto para practicar el análisis, que provenga del movimiento psicoanalítico. Tanto por una necesaria función ordenadora, como por la impostergable responsabilidad ética del movimiento de marcar ante los que demandan análisis, que ofertantes se sostienen en condiciones de posibilidad para conducirlos, e implícitamente, porque ofertantes no se responsabilizan. De lo contrario queda un espacio de indefinición aprovechado por todo tipo de aventureros y/o hiperinflados narcisísticamente y apto para que se genere esa atmósfera, ese imaginario, de que por aparecer en alguna de las instituciones aludidas en la primera parte de este escrito no sujetas a la ética del psicoanálisis, o incluso de las psicoanalíticas que no prejuzgan sobre la condición de analistas para admitir a sus miembros, se es psicoanalista.
La dispersión fuede facilitarnos salir de esta impasse si la aprovechamos para generar dispositivos de suposición de condiciones de posibilidad para psicoanalizar en un sujeto, por fuera de las instituciones. Dispositivos dedicados a esa única finalidad y en los que todos los participantes de la experiencia arriesguen, teniendo que pasar por las dos posiciones de la misma y sujetos a la presión de azar para la constitución de los jurados, y al reaseguro de la apelación; en vez de las idas y vueltas de las políticas institucionales.
Con respecto al pase, hablo desde la situación de haber hecho parcialmente la experiencia. La misma consistió en hablar sobre mis análisis ante símil-pasadores en tres ocaciones diferentes. El efecto de apre-coup sobre mi análisis, resultó de enorme eficacia. Entonces, considero al pase una experiencia importantísima para quienes suponen terminados sus análisis. Es un obstáculo a la misma, pretender “coronarla” con un grado, pues la tiñe de vaivenes narcisísticos, políticos y transferenciales inconvenientes.

2.3) La mayoría de las instituciones convocantes a la Reunión Lacanoamericana de una manera u otra se sostienen en estatutos democráticos. Este no es un detalle sin importancia. En él se revela fácticamente el reconocimiento de que no hay otra apuesta que al giro de discursos, a la rotación por el lugar agente y en consecuencia por el del otro. Si bien no resuelve demasiado ni genera posibilidades ideales, propone mejor contexto para un vínculo social más pacífico y creativo.

2.4) Lacan diferencia el pase de psicoanalizante a psicoanalista en el movimiento de un análisis, del reconocimiento de que hubo ese pase, al que coloca en dependencia del veredicto de un Jurado al efecto. Marca así la distancia entre fin de análisis y reconocimiento del mismo.
¿Alcanza con esto?
En la época en la que nos toca vivir la falta prolongada de trabajo es una constante que para muchos atenta contra las condiciones necesarias para que el analista se posicione como tal. La responsabilidad ética de las instituciones no debe obviar las diversas vertientes que afectan a la práctica del psicoanálisis. Encararlas, sin transformar a las instituciones en bolsas de trabajo a la vez que atendiendo este real, es un llamado a la creatividad de los analistas y su movimiento.

2.5) Núcleos claves de la “civilización occidental” están en crisis. La familia patriarcal monogámica tradicional, la función fálica del pene, por nombrar algunos. Se devela y toma el lugar de ordenador fálico central, el ideal capitalista de la maximización de los beneficios. Esos crujidos en la estructura simbólico/ imaginaria producen efectos reales que se hacen presentes en la casuística. Aumentan considerablemente las patologías de borde, exigiéndole a los psicoanalistas renovar la producción conjetural sobre psicosis, esquizofrenias y melancolías no desencadenadas (Lacan las llamaba prepsicosis)
Es imprescindible analizar los nuevos malestares de la Cultura y sus consecuencias para el psicoanálisis. Para producir nuevos saberes, que incidan favorable-mente en la praxis psicoanalítica y amplíen la presencia del psicoanálisis en el mundo.



Parte II

Intentaré ahora, a través de algunas pinceladas, analizar lo más grueso de lo que está ocurriendo en el terreno de los conceptos.
Para ello parto de una posición. Los descubrimientos psicoanalíticos imposibles de no reprimir por la Cultura son principalmente: la función del Inconsciente y de la sexualidad (infantil y adulta) en las vicisitudes “no sexuales” de la vida (sociabilidad, trabajo, aprendizaje, etc.), la radical pérdida de objeto como causa del movimiento (efecto del deseo) de los seres parlantes, su ordenamiento por la función fálica (la castración) y por último que el Inconsciente no es un ente sino una estructura que produce en discurso.
La razón se halla en la propia estructura de la Cultura que no puede no estar anudada por lo Imaginario, o sea por el registro que reprime la verdad efecto de lo Simbólico y encubre las presiones de lo Real. Esto funciona así para todo ser parlante incluidos los psicoanalistas. En análisis del psicoanalista, si fue llevado hasta el fin puede generar mejores condiciones para estar advertido de la puesta en acto de dichas funciones y modalizaciones, pero no garantiza nada.
De ello resulta que no es poco frecuente observar en las teorizaciones y en la práctica de muchos que se proponen “ser” psicoanalistas, la no lectura de los desplazamientos de las satisfacciones pulsionales reprimidas, la suposición explícita o implícita de que el destino del fin del análisis es solamente la sublimación, “olvidando” que pasa con los accesos al goce y con la capacidad de amar. No es infrecuente encontrarse con un tipo de redacción de las ponencias a las reuniones de los analistas en las que el sujeto más que aparecer como efecto de los movimientos entre registros de la estructura aparece “individualizado” retrayendo la teoría al Freud menos freudiano, cuando no directamente a la psicología. Expresión práctica de lo que planteo, suele ser el desprecio efectivo por el psicoanálisis en extensión (múltiple interés del psicoanálisis en la formulación freudiana) sosteniendo a veces abiertamente, en la idea de que sólo puede haber análisis en los consultorios, que de tal manera se convertirían en los santuarios del despliegue de la transferencia, presuponiendo que la misma no se desplegaría en otros ámbitos o que en ellos no habría ninguna posibilidad de trabajarla. Dichos corrimientos hacen del supuesto psicoanalista, no más que un limitado psicoterapeuta.
Ratifico: la Cultura, anudada entre lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario no puede funcionar sin el efecto represivo de soportarse en el anudamiento en sus diferentes signos tienden siempre a la simplificación. Defino como ideología a la imposible no reducción a aforismos, consignas, “frases hechas”, de conceptualizaciones que pueden haber sido complejas pero que utilizadas fuera de los contextos concernientes se desplazan de lo simbólico a lo imaginario, volviéndose represoras de la verdad. Buenos ejemplos de lo que aludo son el discurso de Bernardo Neustard, o exposiciones fragmentadotas y dogmáticas de Freud, Klein o Lacan. Simplificó el marxismo vulgar en los 60, el Keynesianismo de postguerra, simplifica el libremercadismo neoconservador actual. Es uno de los destinos de lo simbólico, propio a la necesariedad de la vertiente del sentido.
La simplificación empobrece a las teorías y las lleva a afirmaciones distintas, a veces contrarias a lo propuesto por sus autores. La simplificación de los enunciados cepilla las enunciaciones que laten en los textos originarios. Es más, reducir las teorías a sus enunciados excluye la enunciación y al simplificar, reprime, de ahí lo que ocurre con la descontextuación de enunciados.
Lacan, evidentemente ha muerto. No sólo terminó el duelo. Lo real nos obliga a los deudos a hacer algo con la herencia. Esto también ocurre.
En este trabajo se van delineando al menos cuatro modalidades de abordaje de la herencia.
1) Una- siguiendo lo que él propuso con respecto a Freud: “la clínica psicoanalítica consiste en interrogar lo que Freud ha dicho.”- interrogan su legado desde las preguntas que les plantea lo real, la clínica a soportar.
2) Otra parece ansiosa por ir más allá del padre y después de haber profesado el dogmatismo se apura, atraída por la zanahoria de llegar primera a la herejía, no sin cubrirse por el escudo R.S.I. (homofónico con herésié, pero en francés).
3) La hay la que parece tributaria de una vieja teoría sexual infantil, “el hombre mientras más viejo, más sabio”. Propone entonces, contraponer los últimos seminarios de Lacan al resto de su teoría , sin advertir que fue en ellos donde dijo “yo no encuentro, busco”, ni que en su último seminario – Venezuela 1980- dijo que lo que nos dejaba eran sus matemas y el nudo Borromeo. No advierte tampoco que su movimiento en la vuelta a Freud no consistió en apoyarse en el último, sino en el que le pareció más productivo. Operó entonces desde “Más allá del principio del placer” una resignificación retroactiva a los tres primeros grandes libros: “La interpretación de los sueños”, “Psicopatología de la vida cotidiana” y “El chiste y su relación con el inconsciente”.
4) Una cuarta modalidad, lúcidamente advierte los efectos de universalización que sobre la significación del sujeto produce el individualismo triunfante –síntoma social por excelencia del momento actual (ver Lacan, “La Tercera de Roma”)- y no quiere resistir a la tentación sociologista, lo que la lleva a equivocarse proponiendo equivalencias entre ese individualismo universalizante del discurso concreto hegemónico y la formalización lógica a través de operadores formales, vacíos de sentido, de la teoría hilada por Lacan.

Finalmente, como hace a la lógica de la formación, se mantiene una masa de trabajos en el momento de alienación a los significantes del maestro y de ilustrar su valor con casos. Falta un tiempo aún para que estas diferencias que están precipitando entre los liderazgos, sean seguidas por quienes se identifican a los mismos, aunque si se lee finamente ya se pueden notar los primeros brotes. Por ejemplo, en la adhesión a la postulación de la sublimación como el destino del fin de análisis.
Se notará por lo que he escrito que me sitúo entre quienes utilizan a la clínica (del sujeto y de la Cultura) como la gran integradora de la teoría.
Es como este telón de fondo de una Cultura en crisis, fuertemente homogeneizada por la suposición de que lo bueno es lo que rinde mayores beneficios económicos y de un psicoanálisis metabolizando la pérdida de Lacan, que asistimos a una retracción de la incidencia del psicoanálisis



Parte III

A ello contribuye también la copia y proclamación descontextuada y con soberbia de gurúes occidentalizados, de ciertos enunciados de Lacan, como que “la cura viene por añadidura”, que “no hay relación sexual”, “que la mujer no existe”, modelando bizarramente una imagen irresponsable e irritantemente filosófica del supuesto analista lacaniano.
Esa pose, hay que decirlo con todas las letras, refleja poco o nada de análisis por parte de quienes la portan, lo que encubren con fragosas peroratas doctrinarias.
En ellas suelen sostener al “escepticismo” a lo filósofo, como un ideal del yo en el sentido del Freud de la “División de la personalidad psíquica” Ideal del Otro, I (A) de Lacan y no como lo descubre Lacan como un efecto del fin del análisis por la pérdida del objeto y como consecuencia su encarnadura al ideal.
Ni para Freud, ni para Lacan, ni para ninguno de los “grandes” en el psicoanálisis éste fue una mera profesión. Para todos resultó una causa en los diferentes sentidos que ese significante anticipa en el discurso del psicoanálisis. Y es un significante merecido. La experiencia nos indicó en nuestro propio cuero que psicoanalizarnos nos cambió la vida en un sentido favorable al sujeto, o sea a hacernos cargo de nuestros propios deseos y ocuparnos de nuestro goce directamente según nuestra propia constitución pulsional. Lo mismo hemos observado en nuestros analizantes cuando tuvieron el valor de llevar sus análisis hasta el final. Y en los otros, los que interrumpieron cuando consideraros que con lo obtenido era suficiente, observamos nada más ni nada menos que eso. La intervención de las elaboraciones de Lacan en la práctica con los psicóticos, ha variado radicalmente el destino de éstos.
Los tratamientos psicoanalíticos son largos, pero a diferencia de los médicos no se quedan en restablecer el estado anterior sino que lo modifican redituando al analizante en relación a su estructura de tal modo que se le torna mucho más habitable, vivible. Y si no “cura” de entrada es porque no es tonto y sabe de las “curas” de transferencia que caen cuando se pierde la relación con el terapeuta y que son las que llaman curaciones en la fauna de las psicoterapias. Pero justamente por la función de la neurosis de transferencia, ya que en los inicios de los análisis es frecuente observar importantes mejorías.
Creo que es responsabilidad ética de los analistas, transmitir este mensaje, en vez de insistir en la pose de trágicos con las que posan de escépticos, desparraman melancolía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario