Publicado en el suplemento de Psicología del diario La
Razón, diciembre de 1986 y presentado en la Reunión
Latinoamericana de Punta del Este
Un nuevo sueño americano. Esta vez, lacano. Discípulos del maestro se lanzan a la conquista del nuevo mundo, ¿o del Far West?
El maestro nominó lacanoamericanos, probablemente como condensación de lacanianos y americanos. Pero la lengua es obstinada y si en la metáfora cayó el fondo latino, Lacan por sobre "la barra", expande magistralmente el nombre a escala americana. ¿El precio será que en la nueva significación caiga la complejidad latina, en pro de la confortable y placentera significación del "american way of life"?
Si esta pregunta parece excesiva pensemos algunas cosas. La fundación del Campo Freudiano estructura sus encuentros para evitar sorpresas, como si lo real fuera encorsetable. En Caracas, apoyándose en la presencia de lo que quedaba de Lacan, manipuló la presentación de trabajos entre los plenarios, comisiones y comisión de varios, según la política de estímulos y castigos determinada por Miller, además de haber manipulado la sede misma. Desde el mismo lugar presionaron a autocensurarse al único trabajo que cuestionaba abiertamente la decisión de Lacan de designar su sucesor. El tercer encuentro acompañó con un aplauso generalizado la lectura que hice del mismo, interpretando en el discurso que se hilaba en sus títulos, afiches y lapsus, el anhelo de sus organizadores de reforzar la casa motriz parisina incorporando sucursales en otros países. Y al señalamiento de que, para implementar esa política, no vacilaron en intentar sobreponer el efecto de grupo al discurso. O sea, utilizar la fascinación que produce en muchos el que Lacan haya designado a Miller su sucesor, con lo que le dio supuesto saber, recubrimiento imaginario, de saber perdido con Lacan.
El cuarto encuentro, por si hay alguien que no lo sepa, puso en escena un show que produjo, en los que lo vieron, extrañamiento, aunque nadie pudo negarle originalidad. En el proscenio, cinco analistas norteamericanos, en los comienzos de su aproximación a los textos de Lacan, oficiaban de asustados actores, aunque por efecto de la estructura eran el público, mientras que, quienes figuraban como tal, por efecto de la misma, resultaban ser los comediantes. Como en un show postmoderno, directores y utileros circulaban entre los espectadores, o sea, en la verdadera escena. Hace a su lógica que haya terminado con números de circo. Tamaño esfuerzo de grupo para entrar en Nueva York debe acompañarse de las medidas correspondientes en las publicaciones. Transparentes, sencillas, didácticas, casi manuales. No hace falta recordar que esa era la vía muerta en que suelen entrar los significantes de grandes pensadores, cuando se apropian de ellos sus "sucesores". Y sino, recuerden la "Teoría general de las neurosis", Otto Fenichel dixit.
En este punto vuelven: Lacaniano, Kleiniano, Freudiano como significantes y vectores de sentido. No se puede nagar de la pregnancia imaginaria de los que llevaron de apellido esos prefijos. No son apellidos perdidos en los tiempos de la historia. Cada uno permite imaginar un maestro. No son significantes vacíos de toda significación, como no lo es ningún nombre-del-padre. Con ellos se pretende dar un significante unario fundante de familias.
Hubo una época en que las familias eran de oficio, con toda la plurisemia que este dicho convoque. Mas nunca fue totalmente así, y ahora es un arcaísmo. Son muchos los análisis que nos indican en la identificación el obstáculo al deseo, cuando el hijo profesa como el padre. También es cuentemente. Por otro lado, aunque a veces sea esa la ilusión, el apellido no transmite las virtudes del padre. Mas habitualmente, como nos lo enseñó Freud a través del hombre de las ratas y Lacan con Hamlet, del padre lo que se heredan son sus deudas. Si hace falta un ejemplo histórico, recordemos a Anna Freud.
¿No estaremos, quienes nos reconocemos deudores de la enseñanza de Lacan, protagonizando en acto las paradojas del pase?
Si el fin del análisis no es la identificación al analista. ¿la institución psicoanalítica, que se supone debe sostenerse en discursos cuyos agentes lo hayan atravesado, puede fundarse en relación a un nombre, que además no es el del fundador? ¿No es eso un intento de promover la endogamia? Su efecto será el exilio de los que no se sometan a quien ridículmente se crea el sucesor, y el sometimiento de los que crean que el ideal analítico se realiza en ese ojeto? ¿No ocurrirá además que algunos se otorguen méritos, por el sólo hecho de ser los exiliados? ¿No sucederá que el valor de alguno recibirá un plus por estar aislado en la horda al sostener otra palabra distinta a la del que haya sido instalado como sucesor? Son todas consecuencias del efecto de grupo, y como tal hacen obstáculo al discurso y a su análisis.
Cualquiera de estas variantes, resultado de que en la experiencia no se ha separado al ideal analítico del ojeto, conduce a la inhibición, que como la discriminó Lacan, se articula en lo imaginario.
En mi opinión una de las consecuencias clave del fin del análisis, es que se desinviste la pregunta por qué el deseo del padre. Pregunta fundadora, lógicamente, anterior a la de: ¿qué quiere el Otro de mí?
Concurro a esta reunión respondiendo a que, "la convocatoria es a mantener vivo el psicoanálisis, a exponer las diferecias y deshacer todo sentido unificante, dogmático, oficial". Por eso mismo la lógica me obliga, si quiero participar de este axioma, a denunciar la aporía de lacanizarla.
Un periodista porteño, puesto en antecedentes del carácter señalado en la convocatoria, preguntó por los límites, recibiendo entre otras las siguiente respuesta: "... por eso decía que el límite es la letra, mientras que alguien afirme algo demostrando cómo lo que afirma tiene su límite en la letra de Lacan tendría su validez y podrá ser discutido por otros. Yo creo que así como para el cristiano reconocer a cristo como mesías es el límite de la cristiandad, porque así está escrito en el evangelio, así la letra de Lacan marca un límite a Lacan para decir "yo soy freudiano". "
El discurso dogmático tiene su razón de ser y peso privilegiado en la enseñanza. Si bien la que yo prefiero circula necesariamente por los cuatro discursos formalizados por Lacan en el "Envés...", la docencia, estrictamente, se reconoce en el discurso universitario, en el cual el agente se hace portador del dogma. Pero la enseñanza, ¿es la principal producción del psicoanalista? Y especialmente cuando los psicoanalistas se reúnen convocados por lo que antes subrayé, ¿deben hacerlo como los monjes de la Edad Media al polemizar sobre la letra de los evangelios? Pero si no es así, ¿es que no hay límites? Antes de plantear mi límite, una anécdota de Safouan.
Conversando en Buenos Aires con algunos de los que hot estamos aquí, contaba que la enseñanza de Lacan comenzó con los primeros que se acercaron, porque en él encontraban una clínica más astuta que la hasta entonces en boga en Francia.
Mi límite lo reconozco en la letra de los analizantes, en lo que ellos dicen. Lacan se decía freudiano, pero no hacía de la letra de Freud su límite, sino su inspiración para ir más allá, siguiendo la ruta señalizada por la letra de los analizantes. Por eso, aun expulsado del convento, continuó sus descubrimientos, y no sólo su tarea de formalizar lo descubierto por Freud.
¿Puede producirse el deseo del analista, si no se desinviste la pregunta por el deseo del padre? No, en los momentos en los que esa pregunta interfiere en su atención. Cualquiera que tenga experiencia en la escucha de analistas relatando su trabajo, sabe de los efectos de resistencia a la posición del psicoanalista que la fidelidad a los teóricos suele producir.
Si el discurso del maestro funda el Inconsciente, el universitario que se sostiene en la verdad del significante amo haciendo del saber agente, hace de los que están en posición del otro, objetos y división subjetiva. O sea, el agente emite puro sentido lo que aliena al otro como objeto produciendo su escisión. Si el maestro se dirige al saber imposible, el universitario pone en acto la impotencia del saber. Esto se puede apreciar con claridad en un síntoma del laconismo, por lo menos en Buenos Aires. Al modo como la histérica se le insensibiliza e impotentiza una parte del cuerpo, una zona de nuestro corpus teórico y clínico habla por su silencio. Es la que tiene que ver con psicoanalizar a niños especialmente a los más pequeños. Incluso se discutió si el trabajo del analista con niños era psicoanálisis. Y cuando se leen trabajos de los no muchos que se metieron en la cuestión, se advierte que se ven necesitados de recurrir a nociones de Winnicott y Melanie Klein. O sea que en ese terreno, con Lacan no alcanza. Lo cual por supuesto no tiene nada de criticable, pues aunque a veces lo parecía, no era todo; serlo es imposible. Lo que sí me resulta llamativo, es cómo suelen incorporar las nociones de los analistas no lacanianos. Parecieran realizarlo más por el camino de la suma o de la resta que haciendo trabajar críticamente los conceptos.
¿Qué quiero decir con esto de trabajar críticamente los conceptos? Tomo un ejemplo; la forclusión y las psicosis infantiles tempranas. Entre quienes desde su práctica intentan pensar el autismo precoz por ejemplo, encuentran no aplicable el concepto de forclusión por estar referido al momento de la castración. Sin embargo, pienso que en la letra de Lacan se pueden encontrar argumentos a favor. Si la ausencia de la madre indica que desea algo más, más allá del hijo, lo indica en tanto su ausencia aparece producida, significada por lo que está en lugar de la representación padre, o sea, por el nombre del padre. Es ahí que se produce la metáfora paterna, la instauración del nombre-del-padre y la significación fálica del sujeto. O sea, es la operación que le indica al chico que el falo es intercambiable por quien lo porta, el que está en lugar de la representación padre. “Así (como el padre) debes ser”, prohibición: “Así (como el padre) no te es lícito ser, esto es, no puedes hacer todo lo que él hace; muchas cosas le están reservadas”, es como Freud decía esta metáfora. Pero, ¿se juega sólo en la frase fálica? Lacan cuando lo trabaja, se apoya en la teoría sobre la afirmación primordial presentada por Freud principalmente en “La negación”. Esta teoría, Freud la propone reflexionando sobre lo que él consideraba la experiencia de satisfacción más temprana, la del pecho. Pensémosla nosotros en relación a la mirada y la voz, objetos precisamente recortados por Lacan. Una voz y una mirada materna que no se dejan de escuchar, de ver, no dejan lugar para el nombre-del-padre, la voz de éste es puro objeto sin órgano. Una voz y una mirada materna que no se escuchan nunca, no sólo no erogeinizan al chico, tampoco esta-blecen el lugar para que advenga el nombre-del-padre (hospitalismo de Spitz). ¿Y de la afirmación freudiana ratificada por Lacan de que la castración es fálica porque ella da razón del deseo, da el máximo común significante para establecer el valor de todas las otras equivalencias? No se pierde, se sostiene. Es en relación a ella que se establece o se quiebra definitivamente el Nombre-del-Padre.
Mi hipótesis es, que en cada uno de los cortes pulsionales se juega la institución del Nombre-del-Padre, según la mirada de la madre mire o no, a la voz de quien venga en lugar de la representación padre. Si cada una de esas operaciones por definición de la pulsión es parcial, la castración no unifica, pero sí da razón y legisla, pues es la única operación cuya diferencia marca definitivamente la pérdida del acceso al goce del cuerpo de la madre haciendo de éste, el cuerpo castrado de una mujer y dándole al objeto-voz del padre, su órgano, la palabra.
Probablemente investigando estos caminos, encontremos algunas razones de las diferencias entre esquizofrenia y paranoia y algunos elementos más, para la reflexión sobre los episodios psicóticos en las neurosis.
Este planteo que hago hoy, puede aparecer como un episodio más en la interminable disputa entre analistas, pero si forma parte de ella, tiene un más allá: la clínica, razón y fundamento de la teoría.
En pro de su fertilidad, y articulados al nombre-del-padre en que cada uno se sienta fundado, sería saludable que con las reuniones de analistas, rompamos la endogamia, para hacer de la circulación e intercambio de significantes, la base de la fortuna de las estructuras elementales del parentesco psicoanalítico.
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