PONENCIA PRESENTADA A LA ASAMBLEA DEL 24 DE OCTUBRE DE 1984 EN LA ESCUELA FREUDIANA DE BUENOS AIRES EN TIEMPOS EN QUE SE TRAMITABA LA DIVISIÓN DE AQUELLA ÉPOCA
Unos dicen “refundación”, otros “disolución”, ambos dicen lo mismo, “difundición”. Se les puede responder con la respuesta a la pregunta Chiste de Alberto Fernández: “¿Qué decímo en el décimo?”: en el décimo decímo, “no va más”. ¿Qué no va más? Una escuela estructurada según lo descripto por Freud en “Psicología de las masas y análisis del Yo” como dos masas artificiales, el Ejército y la Iglesia.
¿Por qué afirmo esto y cuál pienso como vía de solución?
Primero volvamos a Lacan.
Proposición del 9 de octubre de 1967.
“Hay una sombra a disipar y espesa, la que recubre el enlace en el que el psicoanalizado pasa a psicoanalista”. Trabajando lo que hay que disipar comienza por: “indicar que conforme a la topología del plano proyectivo, es en el horizonte del psicoanálisis en extensión donde se anuda el círculo interior que trazamos como abertura del psicoanálisis en intensión”.
Dicho horizonte lo centra en tres puntos pertenecientes cada uno a uno de los tres registros.
En lo simbólico el mito edípico y su función central en la teoría.
Es en este punto que recuerda que no es por azar que no haya podido hacer un seminario sobre el Nombre-del-Padre, y aunque tiempo después lo haya realizado, se relacionó con ese punto de dificultad que al fin de sus días haya tenido que insistir como padre severo (el del segundo tiempo de su Edipo), tiempo que en su no atravesamiento grita la falla en la función.
En dicha falla, por lo demás “natural”, como se sabe, tal vez podamos encontrar una de las causas de nuestro fracaso actual. Dicho de otro modo: la Escuela repite sin reeditar lo de hace cinco años en propio territorio, y lo que hace cuatro en territorio Otro (París). Un S (A) –significante de la falta en el Otro- demanda ser interpretado, para hacer de un pase, esta vez de la Escuela, acceso a gozar del movimiento .
El segundo punto de la perspectiva lacaniana tiene que ver con la unidad de la sociedad psicoanalítica, y aunque haya sido pensada para la IPA, estimo que a la oscuridad de nuestra experiencia y a la luz amarga de la reflexión de Lacan sobre su fracaso y el de la Escuela Freudiana de París en la carta del 5 de enero de 1980, nos concierne.
En este punto, insistiendo en la naturaleza eclesial de esas instituciones, agrega: “El efecto inducido de la estructura así privilegiada se esclarece aún si se añade la función de la Iglesia y en el Ejército del sujeto supuesto al saber. Estudio para quien querrá emprenderlo: iría lejos”. Seguramente no iré muy lejos, pero trataré de tomar esta cuestión, pues opino que tiene mucho que ver con lo que “impala” en la Escuela.
¿Función en la Iglesia, en el Ejército y agregaré en la Escuela, del sujeto supuesto saber?
Recordemos. “El sujeto supuesto saber es para nosotros el eje desde el cual se articula todo lo relacionado con la transferencia”.
“Un sujeto no supone nada, es supuesto.”
“Supuesto, enseñarnos, por el significante, que lo representa para otro significante”.
Pero, ¿cómo puede ser esto de la función en la estructura del grupo, del sujeto supuesto saber si está ausente el dispositivo analítico de lo condiciona? Lo condiciona a través de la regla fundamental y de la atención libremente flotante, pero no lo causa. La causa está en el saber que no sabe, presente en cualquier grupo, en búsqueda de una verdad. Sea esta la verdad de Dios, de la guerra o del Inconsciente. (Creo que se podría extender esta suposición a otras organizaciones, las políticas, por ejemplo.) Esto hace que se constituyan (incluidas las psicoanalíticas) como efecto del discurso amo-maestro=
Grafico 1: Pagina 114
Discurso imposible, su resto en el lugar de la producción, su verdad de sujeto escindido lo hace girar al de la histeria.
Ese es el punto en el cual el discurso del analista colocando a lo que resta, al “a”, en la posición de agente, es capaz de producir el giro que haga del S1 producto y paradojalmente coloque el saber en el lugar de la verdad. La imposibilidad hará movimiento con lo que no cesa de no inscribirse. De lo contrario no se sale de la impotencia del discurso histérico, que no cesa de escribir el síntoma, síntoma agente en su discurso. Y que bendito sea, pues convoca al analista. Diferente del universitario, predominante por largos períodos en nuestra escuela, que, al hacer del agente un repetidor del significante del saber, induce al otro al que se dirige, a ser puro objeto, produciendo sujetos escindidos, pero no haciendo de su escisión agente. Discurso útil en tanto no sea predominante, de lo contrario conduce a la impotencia a la escuela. Útil en tanto es un momento necesario de todo aprendizaje. Obstáculo en tanto el saber fijado como agente se torna poder.
Sabemos que en el análisis la estructura del dispositivo hace que por momentos el saber supuesto se le suponga al analista. Es el deseo del analista el que a este deseo de hacerse deseo del Otro, le evita identificarse con esa suposición.
En las instituciones la masa procede por suponer la existencia de un saber, que en ciertos tiempos supone a un objeto líder. En las analíticas, la posibilidad de salida de la trampa narcisista que describe Freud en “Psicología de las masas y análisis del Yo” tiene dos puertas. Una: que el deseo del analista permita a quien se le encarna el supuesto saber no identificarse a esa suposición y proceder por interpretación a relanzar el discurso en la institución.
La otra posibilidad, más difícil, por la desventaja posicional en la estructura institucional que ello supone, pero contingentemente posible por el poder del significante, reside en que en el momento en que el discurso que sostiene al líder vira al de la histeria algún sujeto emergente de la masa, sostenido en el deseo del analista proceda por interpretación y ésta sea escuchada, auque sea por algunos.
Ninguna de estas posibilidades ocurrieron hasta ahora en la Escuela.
Los 2 AE (Analistas de la Escuela) nominados por Masotta, se “la creyeron”. También creyó el conjunto de la Escuela. Identificados al saber generaron las dos transferencias posibles a esa posición: amor-odio.
Progresivamente los dos territorios se cristalizaron, hayan funcionado o no como grupo.
Progresivamente se fue consolidando el narcisismo de las pequeñas diferencias, hasta la aparición de un tercer discurso – el de Miller – , que puso en cuestión al referente común y estalló la guerra. Eso explica que si las diferencias teóricas se venían desplegando hace por lo menos tres años, la fractura se perfile recién ahora.
Es por estas razones que estoy en desacuerdo tanto con el sesgo que tomaron las “jornaditas”, como con la carta que se leyó en esta Asamblea, firmada entre otros por Cosentino.
Por supuesto que la cuestión del pase y los carteles hace a los fundamentos de la Escuela. De la concepción que de ello se tenga dependerá la estructura de la Escuela. Si se supone que los grados fueron pensados principalmente para el prestigio, como lo dijo Miller en la Escuela y “que el cartel debe ser ubicado en relación a este problema de la identificación a un grupo, a un conjunto de otros sujetos; es algo que tiene su base en la estructura del sujeto mismo”, cosa que Miller dijo en Mayéutica, se piensa a la institución psicoanalítica identificada a un objeto externo que encarna al sujeto supuesto saber y en relación a la cual los Yoes se identifican entre sí. ¿Vuelta de la IPA?
Pero la discusión sobre carteles y pase es vacía, premonitoria, y no por “apres coup”, si no se hace analizando la experiencia ya recorrida y a la que me referí anteriormente. La cuestión no es sólo si hacen falta carteles y pase, sino por qué no los hubo.
En la carta enviada a la Asamblea entre otros por Cosentino y Ariel se dice: “la ética es un discurso no del significante, sólo hay ética de un discurso, esto es de un sentido para esos significantes”.
Creo que ese párrafo se contradice con el que dice: “En esas condiciones no es posible mantener una Escuela porque la ética es del bien decir, no del sólo decir; no de decir hasta lo imposible, sino decir de lo imposible”. Si el psicoanálisis facilita decir de lo imposible, es porque el analizante lo dice, al decir de Freud, libremente, sin representaciones meta, y el analista sostenido por su deseo escucha y dice, sobre los fracasos del “sentido oficial”.
Por supuesto no propongo la locura de facturar los trabajos por asociación libre, pero me opongo al deslizamiento hacia una ética del sentido como esa carta propone, y que indica que toma del discurso sólo su efecto imaginario, deslizándose a proponer una ética que estimo opuesta a la indicada por Lacan en la carta de disolución de la EFP cuando explícitamente critica el viraje del psicoanálisis hacia el sentido comparándolo con “la Iglesia, la verdadera, la sostenida por el marxismo que le aporta sangre nueva… de un sentido renovado”.
Claro que tal vez con eso se quiera volver a la estabilidad previa a la crisis que permite adormecerse en brazos del principio del placer. Agregaba Lacan en esa carta: “La estabilidad de la religión proviene de que el sentido es siempre religioso”.
Re-ligar el grupo es confortable. Evita la angustia. No coloca bajo la tensión de tener que defender posiciones en un debate, o bajo la vergüenza del silencio ante el “ninguneo” del aparato, o de la fuga, ante la soberbia del rival escudado en su brillante dialéctica.
Unos, concediendo debatir cuestiones que sólo pueden, lógicamente, ser objeto de un segundo tiempo, con lo que parecen propiciar la discusión, pero en realidad la eluden, y los otros, vallando su seminario para evitar las diferencias y asegurar un sentido único, llevan a la escuela una “difundición” estéril.
Los dos grupos, ¿a qué darán nacimiento? ¿Repetirán la misma estructura narcisística y por lo tanto la misma impotencia? ¿Se religarán sectariamente y el amor y la tensión agresiva harán de las suyas contra el discurso psicoanalítico?
Por lo dicho entiendo que es un mal momento para disolver y refundar. Propongo por el contrario crear una instancia que sea capaz de establecer negociaciones entre los dos grupos en que la Escuela está dividida a los efectos de procurar encontrar una dirección común, sujetos al deseo del analista, y no al narcisismo de las pequeñas diferencias.
Sólo así la Escuela demostrará haber hecho de una crisis un pase.
El tercer punto que plantea Lacan el 9 de octubre de 1967 alude a un real que, mutatis mutandi, también nos toca
En la primera versión publicada por Ornicar en castellano, a continuación de recordar que no pudo realizar el seminario sobre el Nombre-del-Padre, dice: “La función de la identificación en la teoría –su prevalencia- como la aberración de reducir a ella la terminación del análisis, está enlazada a la constitución que dio Freud a las sociedades, y plantea la cuestión del límite que quiso él dar con ello a su mensaje.
“Ella debe ser estudiada en función de lo que es en la Iglesia y en el Ejército, tomados aquí por modelos, el sujeto supuesto saber.
“Esa estructura es indiscutiblemente una defensa contra el cuestionamiento del Edipo: el Padre ideal, es decir, el Padre muerto condiciona los límites en los que lo sucesivo permanecerá el proceso psicoanalítico. El coagula la práctica en una finalidad hasta ahora imposible de articular y que oscurece en un principio lo que se debe obtener del psicoanálisis didáctico.
“La marginación de la dialéctica edípica que de esto resulta se acentúa cada vez más en la teoría y en la práctica.
“Sin embargo, esta exclusión posee una coordenada en lo real, a la que se dejó en una profunda sombra
“Se trata del advenimiento, correlativo a la universalización del sujeto procedente de la ciencia, del fenómeno fundamental cuya erupción puso en evidencia el campo de concentración
“Quién no ve que el nazismo sólo tuvo aquí el valor de un reactivo, precursor.
“El ascenso de un mundo organizado sobre todas las formas de segregación, a esto se mostró aún más sensible el psicoanálisis, no dejando a ninguno de sus miembros reconocidos en los campos de exterminio.
“Pues bien: tal es el resorte de la segregación particular en que él mismo se sostiene, en tanto que la IPA se presenta en esa extraterritorialidad científica que hemos acentuado, y que hace de ella algo muy diferente de las asociaciones análogas en título de otras profesiones.
“Hablando con propiedad, la seguridad obtenida de hallar un recibimiento, una solidaridad, contra la amenaza de los campos que se extiende a uno de sus sectores.
“El análisis aparece así protegiendo a sus partidarios, por una reducción de los deberes implicados en el deseo del analista”.
Con respecto a la cuestión del padre ideal, me he referido anteriormente. Sólo agrego una pregunta: ¿Seremos capaces de liberarnos de la identificación imaginaria a Lacan que impide pensar e interpretar creadoramente su letra?
Con referencia a lo real de la segregación autoprotectora que interfiere deberes emergentes del deseo del analista, digo: la dictadura militar nos empujó a encerrarnos en la Escuela en un discurso que no pusiera en peligro nuestra libertad y nuestra vida. Creo que no había otra posibilidad. Pero, ¿qué efectos produjo y produce, ya que mayoritariamente se continúa en ese encierro? Opino que fortaleció la vocación de secta y la ilusión de pueblo elegido. Alguna vez Cosentino criticó el carácter elitista de la Escuela.
Sostengo que hay que salir de esta segregación y desplegar el psicoanálisis en extensión. Recuerdo al caso, como culmina Lacan, el párrafo antes leído: “Es imposible liberarse de la segregación constitutiva con las consideraciones de Marx, y mucho menos con las de Sartre. Por este motivo especialmente la religión de los judíos debe ser cuestionada en nuestro seno. […]”.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario