Buenos Aires, 2 de julio de 1991
Al Director de la Escuela
de Psicoanálisis del Hospital
Nacional Borda, Dr. José Grandinetti
y por su intermedio a la Comisión de
Enseñanza, miembros y alumnos.
Queridos amigos:
El psicoanálisis para mí es mucho más que una profesión. Es la hilada en que se tejió laboralmente la segunda parte de mi vida. Soy hijo de gente de trabajo, que siempre del mismo, hicieron su orgullo. Por eso como el artesano, en cada nuevo movimiento, descubro algo del objeto en mí y pretendo dejar en él mi marca. Cuando José me invitó a acompañarlo en su movimiento de fundar una Escuela, no dudé y creo que desde entonces, acompañé gozoso y leal el recorrido.
El psicoanálisis sustituyó en mí a una práctica perdida, la de la militancia política profesional. Eran otras épocas –mejores y peores-, algunos creíamos que íbamos a “alcanzar el cielo con las manos”. Hoy sé, definitivamente, que el paraíso no existe. No por eso me resigno, al infierno en la tierra. Si el psicoanálisis se transformó en mí en algo mí en algo más que una profesión, es porque gracias a Lacan encontré en él instrumentos que permiten seguir laborando contra la pulsión de muerte, y no sólo en la clínica del sujeto. Instrumentos que permiten situarse de otro modo ante las paradojas de los parlantes-seres. Esos instrumentos me permitieron recuperarme del pozo en que me habían hundido las aporías del marxismo vulgar, incluidos también, decisivos escotomas en la teoría del propio Marx. Ergo, para mí el psicoanálisis significa una ruptura en continuidad con mi pasado. Recuerdo que cuando ingresé a la Escuela Freudiana de Buenos Aires en 1980, en la carta pidiendo ser admitido planteaba algunas de estas cosas. Once años han pasado. Mi destreza en el manejo de dichos instrumentos es mucho mayor. Parte de ella se la debo a la “Escuela del Borda” y a cada uno de sus marinos, empezando muy especialmente por el capitán y su plana mayor. Si bien venía abriendo atajos desde hace mucho tiempo, el año pasado decidí volver a recorrer antiguos mares, aunque como lo he dicho antes, con naves remozadas por los aportes convenientes de la teoría y la práctica de Lacan, y conmigo en otra posición subjetiva. A esos fines, con otros colegas fundamos la ASOCIACIÓN FREUDIANA TRANSDICIPLINARIA HERRAMIENTA. Haberlo hecho no fue en oposición al resto de las instituciones psicoanalíticas, o alguna de ellas en particular. Simplemente significó registrar la inexistencia de alguna, en la cual se atendiera con la fuerza deseada por quienes constituimos la nueva asociación, la decisión de utilizar el psicoanálisis para trabajar sobre problemas sociales, políticos y culturales y desde ese trabajo intervenir en la vida pública. En dicha asociación fui elegido presidente y además se me reconoce, algo así, como el principal inspirador de su accionar. Eso redunda en un grueso volumen de ocupaciones, que encaro con gusto, pero que materialmente limita mi tiempo.
No encuentro entonces otra salida a esa encrucijada que renunciar a ser miembro de la Escuela, ya que no puedo responder acorde con lo que su responsabilidad significa.
En mi vida errante, he tenido que renunciar muchas veces a proyectos muy queridos. A veces por encerronas del destino. En 1976 era miembro –responsable de docencia si no recuerdo mal- de la CD del Centro de Docencia e Investigación de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental (primera institución psicoanalítica a la que pertenecí) y se me pidió una renuncia fraguada a la misma con la esperanza de lavarle la cara y evitarle las iras del “Proceso” recién instalado. Lo hice. Más adelante renuncié a la EFBA por diferencias en cuanto a los criterios de la conducción, algo similar me ocurrió en relación a una institución cultural a la que pertenecí. Fueron, por diferentes motivos renuncias desgarrantes. No me ocurre lo mismo hoy. En la Escuela del Borda, como es de todos sabido, ha habido y pueden volver a haberlas fuertes tensiones por diferencias de criterio. Pero nunca se impidió hablar, ni se tomó represalias con nadie por dicha causa. En las clases y en las conferencias se manifestaron diferentes lecturas de la teoría y de la práctica que siempre se tramitaron en el sólo terreno de la interlocución. Se generó entonces, uno de los ámbitos de elaboración de la teoría y la práctica psicoanalítica, de más rica producción en Buenos Aires. Es así que me voy en paz, por eso no hay desgarro. Sí hay tristeza. Pierdo algo muy importante. Pero mi psicoanálisis personal hizo carne en mí, la decisión de sacrificar lo que sea necesario con tal de no renunciar a los deseos fundamentales que me animan en cada momento de mi vida. Así procedí con Psyche, así vuelvo a hacerlo en esta circunstancia.
Me despido de todos ustedes con un enorme abrazo y un seguro hasta la vuelta pues sé que nos volveremos a encontrar, personalmente y como instituciones, en puertos de cruce de nuestros itinerarios diversos.
Sergio Rodríguez
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario