por Sergio Rodríguez

Capítulo V.2: RÉDITOS DEL SADISMO PROFESORAL

Un profesor termina su clase, un alumno la siguió atentamente y quiere hacerle una pregunta que le martilló insistente mientras escuchaba. No se anima ¿Por qué? Una frase más o menos de ese tenor –lo que quiero preguntar es una tontería- lo asaltó repetidamente, inhibiéndolo. Si alguno se anima y pregunta: - ¿qué es el inconsciente? Por ejemplo, puede llevar a que el profesor le responda con algún aforismo: -Lacan dice en Los cuatro Conceptos: “los efectos de la palabra sobre el sujeto”- o, con lo que es un concepto muy complejo no contestable aún, dejando al alumno con la convicción de ser un idiota y encallado en su dificultad para entender. Es cierto que es un concepto muy complejo del que ese dicho elucida sólo un aspecto. Tal lo es, que el debate sobre el mismo ha producido importantes escisiones en el movimiento psicoanalítico como la acontecida entre Jung y Freud o entre Laplanche y Lacan. Pero cuando es preguntado es porque ha llegado el momento de comenzar a trabajarlo. La observación repetida de escenas de esta índole y de que los profesores que maltratan a sus discípulos suelen ser los que los congregan más alumnos masivamente, originan estas líneas.
El problema económico del masoquismo analizado por Freud nos servirá de guía en el intento de dilucidar estos hechos en la enseñanza y la transmisión del psicoanálisis dándonos debida cuenta de lo que de ello es efecto de estructura y qué, elección ética de quien se presta a ese posicionamiento, como alumno, o como docente.
Freud parte de identificar pulsión de muerte-sadismo primordial-masoquismo. A partir de eso me interesa seguir lo que plantea sobre el masoquismo femenino y el moral contribuyentes a la posición antes descripta. Aclara que se llama femenino a aquel cuyas fantasías “ponen a la persona en una situación característica de la feminidad, vale decir, significan ser castrado, ser poseído sexualmente o parir”. Como podemos comprobar no es porque afecte a las mujeres que Freud habla de masoquismo femenino, puede afectar también a los hombres, sino porque sus fantasías colocan al sujeto es posición femenina”. La tercera forma de masoquismo, el masoquismo moral, es notable sobre todo por haber aflojado su vínculo con lo que conocemos como sexualidad. Es que en general todo padecer masoquista tiene por condición la del partir de la persona amada y ser tolerado por orden de ella; esta restricción desaparece en el masoquismo moral. El padecer como tal es lo que importa; no interesa que lo inflija una persona amada; así sea causado por poderes o circunstancias impersonales, el verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se presenta la oportunidad de recibir una bofetada” […]. “El yo reacciona con sentimientos de culpa (angustia de la conciencia moral) ante la percepción de que no está a la altura de reclamos que le dirige su ideal, su superyó […] arquetipo a que puede aspirar”.
Hay una condición básica que genera en el estudiante tanto la tendencia al masoquismo femenino como al moral. Ella reside en que obviamente, se propone como alumno en razón de su falta de saber. Por la misma razón tiende a considerar al profesor como depositario del saber al cual aspira, lo que transforma a este en su ideal amado y odiado. Parte entonces, en dicho terreno como las mujeres; de, en términos freudianos, ser castrado. Lo que incita sus deseos de ser fertilizado por el saber del profesor para llegar a parir un saber similar. Agreguemos a eso que por esta misma lógica está lejos del superyó sapiente. Eso nos permite entender por qué aparece el sentimiento de culpa que asocia la angustia y la inhibición a la frase referida al comienzo del artículo “Lo que voy a preguntar seguramente es una tontería” y como efecto del cual se somete al maltrato profesoral. Como se puede advertir no me refiero a algo singular de quienes estudian psicoanálisis, sino a una estructura que empuja a la mayoría de los alumnados a someterse, especialmente en los comienzos. En éstos, porque en la medida en que el alumno logra a pesar de todo ir apropiándose del saber anhelado se van generando condiciones para un cambio de posición Pero ahí surge la posibilidad de que siguiendo la gramática pulsional y las tradiciones de la iglesia y las fuerzas armadas lo que ocurra es que de pasivo pase a activo, o sea, de masoquista a sádico.
Es en ese punto donde se pone a prueba la ética del psicoanalista que tiene que diferenciarse de aquellos profesores que se aprovechan de esa fenoménica, típica del discurso universitario. Lo descrito no es nada más que la estructura del inicio de cualquier transferencia. Hace a la ética del psicoanálisis no usar del poder de ésta para reforzar la alienación del sujeto. Por el contrario es la palanca en la que el psicoanalista debe apoyarse para facilitarle su libertad.
Los “grandes profesores”, psicoanalistas pequeños, que aprovechan su posición para gozar de sus pulsiones de destrucción, de apoderamiento, de su voluntad de poder, deberían recordar que esos fueron algunos de los nombres que Freud le puso al sadismo y que solamente renunciando a dicho goce para dar lugar a que se instale el deseo del analista pasarán de profesores, a Maestros de psicoanálisis.

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